El Aura de Alejandro
¿Dónde está la sustancia, la identidad de la obra de Alejandro Aura? ¿Dónde se encuentran las entrañas de su creación? ¿En cuál de todos estos Alejandros descubrimos el aura de Alejandro? ¿Dónde la intensidad de la vida?
Ya Julio Trujillo lo escribió en el prólogo del libro que hoy estamos presentando. El blog de Alejandro es vida, pura vida. Trasciende la naturaleza efímera y testimonial de los blogs, dijo Julio y yo agrego: para reventar y salpicar de vida a los lectores, pero también y sobre todo a Alejandro. Por eso, desde que se sentó a escribir todas las mañanas en su blog, Alejandro comenzó a estar cada día más vivo. Mientras más se ataba el cáncer a su respiro, más pura, más fuerte, más intensa se fue haciendo su palabra y su obra.
Nada puede ser más intenso que narrar el dolor, desde la orilla de la vida. Nada más íntegro que escribir mirando de frente a la muerte, convencido de que al morir todo acaba, cesa, se evapora. Con esa intensidad, con ese dolor, con esa convicción, Alejandro retó a la muerte, porque para él mientras tuviera vida, aunque fuera un hilachito de vida, como un día me dijo, la eternidad era posible. La eternidad como la concebía Alejandro: un acto de creación y el encuentro de la obra con sus destinatarios.
Nunca los tuvo tantos como en su blog. A unos días de su muerte, su blog registró al visitante número 100 mil. Él se había preparado para esta cifra. Nos invitó a celebrar con él la llegada del destinatario número 100 mil. “Cien mil veces unos ojos lectores se han detenido en lo que yo voy escribiendo”, dijo sorprendido y agradecido. Luego reconoció la constancia de los lectores que siempre estuvieron ahí esperando el poema del día, la receta de cocina, el resultado de la quimioterapia, la crónica sobre alguno de los viajes que Milagros, su esposa y cómplice, y él hicieron, el soneto, el informe sobre el rumbo que había tomado en las últimas horas su tos, el insomnio; la opinión política, el comentario sobre una obra de teatro, una película, un proyecto. Cualquier cosa podía aparecer en el blog de Alejandro. Y todo interesaba. Cualquier tema atrapaba a los lectores, a todo tipo de lectores. De todos los rincones del mundo, de cualquier isla, pueblo, ciudad. Ahí estuvieron y muchos todavía están, esperando que aparezca al alba el aura de Alejandro.
Sin ser parte ya del personal del gobierno de la ciudad, sin contar con un equipo de promotores culturales, ni jóvenes entusiastas, Alejandro Aura consiguió en los últimos dos años de su vida poner en marcha programas culturales de valor incalculable. Contagió a sus lectores de la necesidad de leer poesía. Les transmitió la urgencia de leerla, de gozarla, de sentirla, comentarla y desearla. Los puso a investigar sobre medicina naturista para remediar su tos, supimos por los lectores de costumbres y culturas diferentes.
Difundió también los cientos de rostros y máscaras que la ciudad de México posee, su ciudad que tanto amó. En su blog escribió, no sólo las más tradicionales recetas de cocina, sino las más completas. Y es que Alejandro no solamente las compartía, sino que explicaba el porqué del corte de la cebolla, del ancho de la rebanada de jitomate, del color de la salsa, del olor del maíz, de la textura del huitlacoche. Y contaba una y otra vez la historia del nombre de las cosas.
A través de sus poemas, crónicas, narraciones, críticas, conocimos rincones de la ciudad de México, supimos cómo fueron sus calles en otros tiempos, sus plazas, sus heridas, sus amores. La ciudad de México desnuda, su ciudad, se asomó en varias ocasiones a su blog. Y lo hizo de la mano de Madrid, esa otra ciudad que Alejandro comenzó a querer casi desde que llegó a España como director del Instituto de Cultura de México. Y que recorrió, acarició, maldijo, besó, tantas horas al día, sólo para venir después a contarnos sobre ella en su blog. Sobre su gente, sus mercados, sus calles empinadas, sus mujeres, sus taxistas y sus fantasmas.
Supimos por el blog también del cáncer. De cómo iba creciendo el tumor en su pulmón, la tos en su garganta, el insomnio en sus párpados. Y Alejandro nos dio otra vez la fórmula para poder beber, comer, caminar, vivir con el cáncer. Lo vimos casi llevarlo con él al balcón y asomarse juntos a mirar a las parejas de la calle Cervantes besarse o a los grupos de jóvenes gozando del prohibido botellón los fines de semana.
Alejandro Aura se impuso la tarea de escribir a diario. Desde que inició el blog, el 20 de febrero de 2007 y hasta un día antes de su muerte, solamente faltó a la cita el día en que ingresó al hospital. A la mañana siguiente apareció el aviso:
“Queridos todos, nos tuvimos que encerrar en el hospital. No teníamos internet y se me perdió por completo el orden del pasar del tiempo. Por fin Milagros lo conectó. Mañana les contamos cómo anda la cosa”, escribió Alejandro el 29 de julio del año pasado.
Fue Milagros la que nos contó cómo andaba la cosa. El 30 de julio los visitantes de su blog leyeron: “Hoy a las cuatro y media de la tarde, de Madrid, Alejandro se fue y en este blog que le hizo seguir adelante cada día, nos dejó su palabra para siempre”.
El aura de Alejandro es sólo una pequeña muestra de lo que fue su blog. Y también una prueba de que si en algo Alejandro se equivocó fue en creer que todo acabaría con su muerte. De ello soy testigo. La selección de textos del blog que Milagros realizó, llegó a las manos de un grupo de jóvenes de la Secretaría de Cultura para quienes Alejandro Aura fue y sigue siendo simplemente Aura, el maestro, el ocurrente, el culpable de haber abierto las puertas de las calles de la ciudad de México para que se fueran acomodando en ellas un canto, una escultura, una torre de libros, una obra de teatro, un viejo amor. En unos cuantos días, concluyeron la tarea. Los vi leer los textos, sentirlos, discutirlos. Revisar cuidadosamente las viñetas que Juan Manuel de la Rosa envió para ilustrar los textos de su amigo. Los escuché hablar de poesía, de política, de teatro, de cocina, del dolor. Alejandro, me dije, completó con éxito uno más de sus proyectos.
Y lo seguirá haciendo.
Desde que Alejandro murió han visitado su espacio unos 60 mil lectores. Muchos de ellos escriben su tristeza, su esperanza, o su transparente opinión sobre la obra de Alejandro Aura. Hoy el blog de Alejandro, como El Cuervo, tiene un hijo. Se llama "encontrando a alejandro" y es principalmente la prueba de amor de Milagros que se ha dado a la tarea de buscar a Alejandro en cada rincón de esta y otras ciudades para arrojarlo con fuerza sobre el hijo del blog. Un hijo que acabará estallando una y otra vez de vida. Pura vida.

